Feeds:
Entradas
Comentarios

Intento de abrazo

Me encuentro con otra persona, un amigo, amiga, un otro. Lo saludo con un beso en la mejilla y después un breve abrazo. Pero ese abrazo no es correspondido! Terrible terrible terrible! Está ese momento incómodo, sentirse torpe, quizá fuera de lugar, ridícula…

Pero no. Hoy concluí, conversando, que esa inseguridad que tengo yo, al relacionarme con este otro, también la tiene él/ella, al encontrarse con esta otra que soy para el otro. No se en qué ramo de sociología, estaba esta idea de que el otro es para mí una caja negra, no se con qué me va a salir, indescifrable, infinito… Cómo no va a haber inseguridad al relacionarse con alguien tan grande como un otro infinito e impredecible? Incluso ahora que escribo para nadie, pienso en quien sea que esté leyendo, un otro, que quizás juzgue esto. Y me juzgue a mi, como otra… y no puedo predecirlo.

Pero si esto me pasa a mí, también al otro. Para él, yo soy indescifrable, fuente de inseguridad.

Digo yo, no más?

Igual es tranquilizador pensar que, en ese intento de abrazo en un saludo, el otro se sienta tan tonto no abrazándome, como yo me sentí intentando abrazarlo. No tanto “que rara es la Sofi” como “pucha no atiné con el abrazo”. Podría, incluso, comprometerme a ser insegura al relacionarme con ustedes, si eso los tranquiliza, si prometen ser inseguros también. Sería un buen trato!

Recordatorio para el ego

Hoy abrí algunos cuadernos abandonados hace un tiempo. Cuadernos escritos por mí, para mí, en distintos momentos de mi vida: el cuaderno del año pasado en Michaihue, el de hace otros años… también hace algunas semanas encontré mis diarios de vida y agendas Pascualina de la infancia. En la misma línea va el releer este blog, que ya está bien viejito.

Y siempre la Sofi de hoy, mirando a la Sofi de ayer, se sorprende, se sonríe, se avergüenza un poco, se reencuentra… pero por sobre todo, entiende que ha crecido. Y luego, como saliendo de sí misma, se ve siendo observada por otra Sofi futura, y ésta por otra… una imagen como cuando nos vemos repetidos en los espejos de un ascensor.

Entonces puedo cambiar el enfoque, y entender que siempre la de mañana habrá crecido más que la de hoy… y de la misma forma lo harán sus opiniones, sus problemas, sus reacciones, su letra, su forma de expresarse, sus a quienes va dirigido el cariño, su ánimo… Así como somos capaces de mirar un dibujo que hicimos a los 5 años y reirnos con una cierta “superioridad”, también ahora puede ser que vivamos dibujando como niños para los posibles “yo” futuros. Y con eso, ser capaces de mirarnos a nosotros mismos con humildad sincera.

En términos menos lindos, todos somos tontos para nuestros posibles nosotros más adelante. Así que puedo equivocarme, como también el otro, y puedo cambiar, y mi verdad no es la absoluta, porque, con que derecho digo eso, si quizás 5 años atrás, creía en otra cosa? Quizás en este “ser tontos”, somos más libres… o no?

Todos (no) se guardan

Hoy tuve, por un momento, la extraña y también consoladora sensación de que todos estaban cansados, igual que yo. Como si una ola de ganas de quedarse en la casa se hubiera esparcido por el mundo… o al menos por la ciudad. Y que todos iban a llegar, como yo, a sus respectivos hogares, a envolverse en una frazada, tomarse un café y pensar en las formas que hace el vapor que sale de la taza.

Mas tarde escuché música fuerte en una casa cercana… y descubrí que no. No, no todos se quedan, cansados, con ganas de hibernar, en su casa este viernes =)

Pero igual me sentí acompañada.

Paraguas

Hace un buen tiempo que no escribía… no porque no quisiera, realmente estaba con ganas de escribir, pero es que las ideas siempre me pillan en lugares sin papel ni lápiz  ni nada, como si quisieran quedarse como siempre nuevas, siempre apareciendo por primera vez. Pero los días de lluvia como hoy tienen una magia, y escribo =)

Esta semana ha llovido harto… y de esa lluvia que moja de verdad, que no es la misma que esa que uno puede caminar cubierto por una chaqueta y mojarse solamente el pelo. Así que, contrariamente a mi costumbre, salí con paraguas a la calle para ir a la universidad. Encontré uno de esos paraguas perdidos en mi casa, que mi mamá me había traido (y obviamente yo no había usado), azul y blanco, como el de la foto.

Me llamó la atención, porque estaba acostumbrada a paraguas cafés, negros, azul oscuro… así que comencé a mirar mientras caminaba. Y, sorpresa! la cantidad de colores, de formas, de estampados, de maneras de llevar el paraguas… así como hay días en los que me llama la atención el color de los árboles, o la cantidad de signos de exclamación de las propagandas, esta semana en sus días de lluvia, ha tenido como tema los paraguas. Me acordé de un cuento de Cortázar, “Posibilidades de la abstracción” “…la vida está llena de hermosuras así”

Pero diría que he aprendido mucho de los paraguas. Partiendo por ellos mismos, como cuando miras tantas veces algo, o dices tantas veces una misma palabra, que de repente se te aparece como algo rarísimo. Es muy especial esto de que tengamos un techito portátil en la mochila o no? Empecé a pensar en la escena como miles de personas caminando con techos de colores hechos de un palito y un poco de género y llegué a sentir que como género humano somos a veces muy marcianos jaja…  Y luego la forma en que cada uno lleva su paraguas. Algunos como escondiendo la cara, no solo de la lluvia sino también de los demás. Otros, cuando no llueve tan fuerte, lo llevan pero no lo llevan, como con vergüenza de andar tapándose siendo que llueve tan poco. Otros lo comparten, y finalmente en lugar de mantenerse uno seco, se mojan los dos… pero se mojan solidariamente. Algunos (como yo) lo llevan echado hacia atrás, con la doble finalidad de proteger la mochila y aprovechar de mirar lo lindo que es el mundo con lluvia, y de comer unas cuantas gotas… y por mirar tanto hacia arriba, los pies terminan en alguna poza bien mojados =).

Luego, en el metro, los paraguas convertidos en un bastón o una tela mojada y arrugada, toman protagonismo en el desafío de entrar todos al tren, sin que el señor/señora/niño/tía/amigo/etc me moje con su paraguas… Y es un disfrute para la gente ociosa como yo este viajar observando cada actitud paraguesca, cada nuevo integrante, cada lucha y choque del accesorio-para-no-mojarse-(tanto)-con-la-lluvia.

Y una vez llegados a nuestro destino, los paraguas se despliegan en su esplendor a la salida de la estación, combinación que no se repite de colores y estampados, y mi día empieza distinto. Porque sí, algo que aprendí de los paraguas, o re-aprendí de mí, es que el vivir los días con una mirada distinta, sea trascendente, absurda, ingenua o crítica, hace que cada día tenga un color distinto. Incluso un día gris de lluvia… con paraguas.

Es primera vez que entro a mi blog desde hace… siglos. Entre que llegue de Michaihue, me fui de vacaciones, terremoteó, entre a la U, y ademas casi se me había olvidado que existía… pobrecito.

Me pasa algo muy curioso: cada vez que me reencuentro con la Sofi que escribió en el blog hace no-se-cuanto tiempo atrás, me vuelvo a sorprender de lo escrito, vuelvo a sonreirme ante la pantalla, vuelvo a pensar lo sorprendente que es esto de crecer, esto de vivir, y luego tener el regalo de mirar atrás =)… creo que escrito mas de un par de veces sobre esto, asi que no lo repito jajaja.

Así que me volvieron las ganas de retomar esto, aunque sea un poquito… (aunque no prometo que después estemos leyendo esto un año despues de escrito y no haya ninguna cosa posterior jajajaja). Cuando tenga la inspiracion de escribir, será. Es como mi pieza: desde que llegué de Conce que no la he “reconstruido”, tengo las cosas que me traje de allá en una caja, y lo que tenía acá guardado en otras cajas… mi pieza está más vacía que nunca. Es que quiero hacer un cambio, pintar, no se si mover los muebles, hacer mi espacio no como la reconstrucción de lo que era antes de irme, sino como mi espacio ahora. Y no se por qué, todavía no ha llegado el día en que me despierte y diga: “Mmmm… hoy ES el día” y me ponga ropa manchable y pinte y destruya y construya y todo eso. Pero mientras, igual es mi espacio: el espacio de la Sofi que todavía no quiere construir este nuevo espacio… y está bien.

El dato de hoy: No se si me he puesto mas tonta (aqui sale el chistosito que dice: pero si siempre lo has sido!)… no, en serio, pero me pasa que leo para la U y todo esto del desocultar ontológico en cuanto a des-velar y pro-ducir… me parece chino xD.

Un abrazo!

Quiero estar dispuesta

aqui estoy

… aquí estoy, aquí estoy, aquí estoy!

Ganas de vivir

Si en un año “normal” (es decir, un año en la rutina de todos los años) pasan muchas cosas, en este año han pasado muchas, muchas, muchísimas. Es por eso que cuando me acuerdo de que tenía un blog y lo abro por primera vez en meses, me sorprendo. Es que en verdad es brigido! La ultima vez que escribí, todavía era 2008… tantas cosas no habían pasado, tante gente que no había conocido, tantas realidades que no había descubierto…

Ahora estamos en la segunda mitad del 2009. Vivo en Michaihue hace 5 meses. Pero, al final, es la misma persona, sentada frente a la misma pantalla (por que ahora estoy en Santiago de vacaciones) que hace 9 meses, hace un año, hace dos años. La misma persona, pero en verdad no tanto, por que también he cambiado… me gusta estar así, poder detenerme, mirarme y descubrir la cantidad de cosas que pueden pasar en la vida, cosas que no tenía idea que venían la ultima vez que escribí… antes estaba muerta de miedo… y aquí estoy… y me gusta donde estoy.

Me gusta ver la vida como un camino propio y nuevo de cada uno, con colores, obstáculos, con personas, a lo largo de la cual podemos ver hacia atrás y ver el camino recorrido, pero no vemos hacia adelante, no sabemos lo que viene… por que el camino lo hacemos al andar (si, la frase no es mía jaja). Me gusta saber que el camino no lo hacemos solos, sino siempre con Dios caminando a nuestro ritmo, a cada paso siempre nuevo.

Me gusta la vida. Por ejemplo, ahora, me gusta crecer, aprender y superarme. Me gustan los amigos, los viejos amigos que siguen aquí, los amigos nuevos que te abren la puerta. Me gustan los niños, porque sean de donde sean, son siempre niños.  Me gustan los sentidos, el poder oir la música, oler el mar, ver la luz del sol cuando empieza a atardecer. Me gusta mi familia, porque es alegre, sencilla, y porque es mi familia. Me gusta saberme chiquitita y humilde, y sin embargo, importante en la vida. También me gusta tener la capacidad de enojarme con lo injusto, de jugármela por lo que creo, de no quedarme, de estar realmente viva…

En verdad, no se porque esto se hizo una enumeración de lo que me gusta, pero es que me he dado cuenta de que me gustan muchas cosas, de que en verdad me gusta la vida… como una cosa que escribí hace mil (cáchate!) años, sobre que la vida tenía colores… y eso ya hace que valga absolutamente la pena vivirla. Cada realidad, cada persona, cada lugar, cada acción, tiene un color único… y nunca voy a poder verlos todos, pero espero ver todos lo que me alcance la vida. Es una sensación como de fuego adentro, ganas de moverme y de buscar, de esforzarme, de entregar, de no quedarme… ganas de vivir, pero de vivir de verdad.

Dato freak: Durante una semana, fui monitora de un taller de zancos… sin haberme subido nunca a unos zancos =P.

Un abrazo a quien lea!

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.